Te vi, allí sola, serena, soñando con el atardecer.
Te sentí, allí fría, envolvente, cotidiana.
Te echaré de menos hasta que nos volvamos a ver.
Lugar de encuentro entre historias y relatos de viejos cuentos perdidos en la isla del olvido
Te vi, allí sola, serena, soñando con el atardecer.
Te sentí, allí fría, envolvente, cotidiana.
Te echaré de menos hasta que nos volvamos a ver.
No hay destino sin origen ni fin.
¿Por qué llamamos vida al camino hacia el anochecer?
El futuro siempre pasa, no se detiene en un presente inexistente, nadie pidió permiso, todo es un precipicio que condena haber nacido con la peor de las suertes.
Nadar en el infinito.
Sonó el silbido de la última bala en aquel atardecer dorado del verano más largo que recuerdo.
Hoy dispongo de todo el tiempo que me queda para perderlo de la única manera que sé, y me arrepentiré de cada uno de los segundos perdidos, pero esa es la absurda naturaleza de mi ser.
Entre duendes y jilgueros, entre magos y titiriteros, entre lobos y corderos, entre cuerdos y bandoleros, entre la senda y el sendero.
Recibo el invierno más loco que cuerdo, y eso al fin y al cabo es una esperanza perdida y varada en el hogar de los tuertos.
¡ Pobre harto de pan, te reto !
La cuenta atrás sonaba en mi cabeza como mil veces antes había sonado.
Me asomé al Mediterráneo y solo vi los ecos de mi niñez perdidos en el silbido de cien mil balas.
Era una tarde más de primavera, ni frío ni calor, ni sol ni nubes, ni vida ni muerte, ...
Desde la misma cárcel de siempre escribí mi última carta, epitafio anunciado desde antes de ver el primer rayo de luz, desde antes de sentir el primer dolor, desde antes de oír tu voz.
¿Se puede estar más cansado de estar cansado?, más harto de estar harto, más muerto de estar sin vida en el rellano de la inmensa catedral de soledad que ciega mis sueños.
Y me dieron las tres ...